viernes, 28 de noviembre de 2014

FRAY JUAN DE ZUMÁRRAGA



Juan de Zumárraga





Juan Zumárraga O.F.M. (Durango, Vizcaya, 1468 - México, 3 de junio de 1548) Religioso franciscano vizcaíno. Primer obispo de la diócesis de la Ciudad de México desde 1528 y segundo de la Nueva España (después de Fray Julián Garcés), consagrado el 27 de abril de 1533 y nombrado arzobispo en 1547, fue fundador de la Real y Pontificia Universidad de México, actualmente Universidad Nacional Autónoma de México.


Fue superior local y provincial de la Orden de los franciscanos en España, represor de brujas en el País Vasco.


En 1527, estando Carlos I en Valladolid, capital entonces del reino, con ocasión de las Cortes generales, dejando a un lado los asuntos políticos, se retiró al próximo convento franciscano de Abrojo para pasar allí la Semana Santa. Pronto se fijó en el talante espiritual y firme del padre guardián del convento, fray Juan de Zumárraga, un vizcaíno de 60 años, alto y enjuto, nacido en Durango en 1475. Al despedirse, el Emperador quiso hacerle una importante limosna, pero él la rehusó, y cuando fue obligado a recibirla, la entregó a los pobres.


Vuelto Carlos I a sus negocios políticos, ha de enfrentar los graves problemas de la Nueva España. Es entonces cuando se equivoca gravemente al elegir los hombres que iban a formar la primera Audiencia, y cuando en cambio acierta por completo al presentar a la Santa Sede el nombre del padre Zumárraga para obispo de la ciudad de México. Fray Juan se resiste al nombramiento cuanto puede, y sólo lo acepta por obediencia. Carlos I, además, recordando en su conciencia el Testamento de su abuela la reina Isabel, nombra también al padre Zumárraga Protector de los indios.


Fue el primer obispo de la de la diócesis de la Ciudad de México, en 1528 el emperador Carlos V le otorgó tal nombramiento por lo que viajó a México para ejercer el cargo, pero hubo de regresar a España por no estar consagrado y por supuesto no había quien le impusiera la mitra de obispo en la Nueva España, de modo que tuvo que ser consagrado, tras intervención del rey ante el papa Clemente VII


En junio de 1534 regresó a la Nueva España. En 1533 había pedido al Consejo de Indias una imprenta y un molino de papel. En 1536 escribió una misiva a Carlos Valertándole de que tenían obras preparadas para imprimir pero que no podían hacerlo por la carestía del papel


Además, fundó los colegios de Santa Cruz de Tlatelolco y San Juan de Letrán, creó el primer hospital, al que nombró hospital de Amor de Dios e inició gestiones para la creación de la universidad. Asimismo, fundó en el Convento de San Francisco de la Ciudad de México la primera bilioteca del continente americano.


De 1536 a 1543 ejerció el cargo de inquisidor apostólico y llevó 183 causas contra los sospechosos de idolatría. La mayoría de los acusados eran líderes indígenas, curanderos, y también españoles, incluso dueños de grandes propiedades que eran confiscadas. El caso más notable, por el que se ganó la censura de la Corte, fue el entablado contra don Carlos Ometochtzin, cacique de Texcoco, quien supuestamente seguía practicando sacrificios humanos pero que, en realidad, fomentaba el alzamiento general de los naturales en contra del gobierno virreinal. La condena y posterior ejecución en la hoguera de don Carlos llevó a plantear con claridad los alcances de la jurisdicción inquisitorial, determinándose dejar fuera de la misma a los indígenas, al considerarlos neófitos antes que herejes.


De acuerdo al investigador Wade Davis, de Zumárraga fue el responsable de la quema de miles de textos religiosos referentes al uso ritual del peyote y otras plantas de uso sagrado y medicinal. En 1547 el PapaPaulo III lo nombró primer Arzobispo de México.


























FRAY TORIBIO DE BENAVENTE



Motolinía






(Fray Toribio de Paredes o de Benavente; Benavente, c. 1490-México, c. 1568) Franciscano español. Llevó a cabo una importante misión evangelizadora en Guatemala y Nicaragua (1527-1529), que culminó con la creación de varios conventos. Participó en la fundación de Puebla de los Ángeles (1530) y luchó a favor de la defensa de los derechos de los indígenas. Se enfrentó a Bartolomé de Las Casas, a quien acusó de excesivo idealismo. Autor de Historia de los indios de Nueva España (1558), de gran interés para conocer la cultura azteca y el proceso de evangelización.


Formó parte de los Doce apóstoles de México. Se caracterizó por ser defensor de los indígenas. Motolinía, mote con el que fue conocido, es un vocablo que significa desdichado o pobrecito en náhuatl, cuya etimología procede de mo (es/se), y tolinia (pobre/afligir), es decir, "el que es pobre o se aflige". Con fray Martín de Valencia, fue el más dotado del grupo de los Doce. En aquellos primeros años, tan agitados y difíciles, se distinguió tanto por su energía para poner paz entre los españoles y frenar sus desmanes, como por su amor a los indios y la abnegación de su entrega total a la evangelización.


Participó en la construcción del convento de Puebla y de los templos de Huaquechula y Tula. Fue guardián de Atlixco y probablemente también de Tecamachalco. La preocupación de Motolinía en sus misiones no sólo era la simple conversión de los nativos, sino que aprendió el náhuatl para poder comprender mejor sus inquietudes y ayudarlos mejor. Motolinía quería que la colonización fuera lo menos cruel posible y se diera un trato digno y más humano a los nativos, en una época en que a los indígenas se les trataba como si fueran animales.


Motolinía se caracterizó por defender a los indígenas contra los abusos que se cometían en ellos. Esto le atrajo conflictos con las autoridades de la Ciudad de México constituidas por la primera y Real Audiencia. Los principales problemas comenzaron en 1529 cuando Motolinía se opuso a que la Real Audiencia encabezada por Nuño de Guzmán cobrara impuestos a los indígenas, debido a su pobreza. Esto provocó la irritabilidad de la Real Audiencia y empezó una campaña en contra de Motolinía, acusándolo a él y a otros misioneros de rebeldes y usurpadores de funciones.


Al mismo tiempo, la Real Audiencia ordenó al primer obispo de México Fray Juan de Zumárraga y a todos los eclesiásticos, a que se dedicaran a sus asuntos religiosos y no se entrometieran con el ayuntamiento. Ante estas acusaciones, Motolinía se amparaba bajo las bulas de los papas Adriano VI, León X y Alejandro VI, quienes le concedían a él y a otros misioneros determinados derechos. Motolinía también mediaba conflictos de carácter civil o religiosos. Cuando Motolinía era provincial en 1548, abogó para que los indígenas no pagaran el diezmo.





















FRAY BARTOLOME DE LAS CASAS



Bartolomé de las Casas



Religioso español, defensor de los derechos de los indígenas en los inicios de la colonización de América (Sevilla, 1474 - Madrid, 1566). Tuvo una formación más bien autodidacta, orientada hacia la Teología, la Filosofía y el Derecho. Pasó a las Indias diez años después de su descubrimiento, en 1502; en La Española (Santo Domingo) se ordenó sacerdote en 1512 (fue el primero que lo hizo en el Nuevo Mundo) y un año después marchó como capellán en la expedición que conquistó Cuba.


Conmovido por los abusos de los colonos españoles hacia los indígenas y por la gradual extinción de éstos, emprendió desde entonces una campaña para defender los derechos humanos de los indios; para dar ejemplo, empezó por renunciar él mismo a la encomienda que le había concedido el gobernador de Cuba, denunciando dicha institución castellana como una forma de esclavitud encubierta de los indios (1514).


Insistiendo en la evangelización como única justificación de la presencia española en América, propuso a la Corona reformar las Leyes de Indias, que en la práctica se habían demostrado ineficaces para poner coto a los abusos. Las Casas proponía suprimir la encomienda como forma de premiar a los colonos y replantear la colonización del continente sobre la base de formar comunidades mixtas de indígenas y campesinos castellanos (hacia una economía colonial más agrícola que minera); para la isla de La Española, dado el hundimiento de la población indígena y su supuesta incapacidad para el trabajo, proponía una colonización enteramente castellana, reforzada con la importación de esclavos negros africanos (cuya explotación consideraba legítima, en un exceso de celo por proteger a los indios).


El acceso al Trono de Carlos I permitió a Las Casas ser escuchado en la corte, de manera que en 1520 la Corona le encargó un plan de colonización en Tierra Firme según sus propuestas; pero el proyecto fracasó por la resistencia de los indios, las represalias de los colonizadores y la mala selección del personal (se enrolaron muchos participantes en el movimiento de las Comunidades de Castilla, huyendo de la persecución consiguiente a su derrota); obligado a transigir en los principios para obtener apoyos locales, acabó por desistir del empeño en 1522.


En 1543, además, Las Casas fue nombrado obispo de Chiapas (México), aunque la hostilidad de sus feligreses por sus rigurosas exigencias morales le hizo regresar a Castilla en 1547 para no volver nunca. Una nueva controversia sostenida con Ginés de Sepúlveda acerca de la licitud de la guerra contra infieles a los que no se hubiera dado a conocer el Evangelio (1550) se plasmó en las Instrucciones de 1556, que exigieron de los colonizadores españoles una actitud pacífica y misional hacia los pueblos de América aún no conquistados.


Desde 1551 hasta su muerte, Las Casas fue nombrado procurador de indios, con la misión de transmitir a las autoridades las quejas de la población indígena de toda la América española. Insatisfecho con lo logrado y dispuesto a seguir luchando (a pesar de recibir una pensión vitalicia de la Corona), Las Casas publicó en 1552 una serie de escritos críticos, entre los que se incluía la Brevísima relación de la destrucción de las Indias; en ella denunciaba los abusos de la colonización española con una amplitud de miras incomprensible para su época, pero con tal acritud que sería empleada con fines propagandísticos por los enemigos de los Habsburgo, contribuyendo a engrosar la llamada «leyenda negra».




FRAY SERVANDO TERESA DE MIER



Fray Servando Teresa de Mier







(Monterrey, 1765 - México, 1827) Eclesiástico, escritor y político mexicano que luchó por la causa independentista. Miembro de una familia de la alta burguesía criolla, su abuelo paterno era natural de Buelna (Asturias) y su padre, Joaquín de Mier y Noriega, llegó a ser regidor del Ayuntamiento y gobernador de Monterrey (Nuevo León). Mier descendía por línea materna del Guerra Buentello, los primeros españoles afincados en la región. Realizó sus primeros estudios Monterrey, pero en 1780, forzado por el ambiente familiar, se trasladó a México para ingresar en el convento de los dominicos y más tarde en el Colegio de Porta Celi, donde estudió filosofía y teología.


Con el título de doctor en teología regresó al convento dominico para enseñar filosofía. Durante los años siguientes gozó de cierto renombre y se hizo famoso como predicador, especialmente cuando el 8 de noviembre de 1794 pronunció una “oración fúnebre” por Hernán Cortés que llamó vivamente la atención. Un mes más tarde, el 12 de diciembre, fecha de la celebración de la Virgen de Guadalupe, en la propia Colegiata de Guadalupe, pronunció un célebre sermón en el que rechazaba las tradiciones sobre las apariciones de la Virgen, poniendo en duda su veracidad.


El sermón escandalizó a los devotos y fue la causa de muchas de sus desgracias posteriores. El arzobispo Alonso Núñez de Haro ordenó que se le encerrara en una celda del convento de Santo Domingo, a la vez que se iniciaba la instrucción de un expediente. El 21 de marzo, el arzobispo lo condenó a diez años de exilio y reclusión en el convento de los dominicos de Nuestra Señora de las Caldas, en Santander (España). Al mismo tiempo se le prohibió enseñar como profesor y ejercer como religioso y confesor, retirándosele el título de doctor que le había concedido el Pontífice.







El levantamiento del general Santa Anna en Veracruz en favor de la República aglutinó la oposición a Iturbide, en la que participó fray Servando, obligándole a renunciar al Imperio y a embarcar rumbo a Europa. Constituido un nuevo Congreso, se proclamó la República y se aprobó la Constitución de 1824, lo que le obligó a enfrentarse a Ramos Arizpe en la reñida discusión de la forma federal o centralista de Gobierno. El 13 de diciembre de 1823 fray Servando había pronunciado en el Congreso un famoso discurso llamado De las profecías, en el que se opuso enérgicamente al sistema federalista. La rebelión de las Provincias, que exigían una solución federal, copiada del admirado sistema estadounidense y que amenazaba con la desmembración del país, le obligó a buscar una fórmula de compromiso entre políticos y doctrinarios. Aceptó la declaración de un Estado federal (art. 5º), pero se negó a conceder “soberanía” a los Estados (art. 6) regionales. Nacía de este modo la gran contradicción en la historia política del México moderno.


Recluido en el Palacio Presidencial, que le había cedido el propio Guadalupe Victoria, primer presidente constitucional, vivió sus últimos años entre la admiración y la crítica de sus conciudadanos. O'Gorman, biógrafo y comentarista excepcional, dijo de él: “Dotado de fácil palabra, mordaz, erudito, inteligente y deslenguado, siempre supo cautivar la atención de sus oyentes. Escribir fue su ocupación predilecta; pero aventurero inquieto, más de ocasión que por afición, su obra entera se resiente de falta de unidad. No por eso se menosprecie. Su obra es admirable; el estilo es original y vigoroso y toda ella está animada de la apasionada personalidad de su autor”.


Recibió el viático de manos de Ramos Arizpe, su más firme adversario en la polémica constitucional. En presencia del presidente Guadalupe Victoria y de una numerosa concurrencia, a la que había invitado al presentir su suerte días antes, murió en sus habitaciones de Palacio el 17 de noviembre de 1827. Fue sepultado en el convento de Santo Domingo de la Ciudad de México.


LOS MONJES



 Vida de los monjes en los conventos.



Los monjes dieron a la Iglesia un contingente de misioneros de primera clase para la conversión de Europa. No solamente predicaban los evangelios, sino que rellenaban pantanos, fundaban escuelas, experimentaban con nuevas técnicas agrícolas y construían monasterios alrededor de los cuales crecían ciudades pequeñas como la de York o grandes como la de París.


En los "scriptoriums" (el término monástico equivalente a bibliotecas de investigación), escribieron copias perdurables de los libros griegos y romanos, conservando esta herencia del saber para todos nosotros. Hicieron todo esto convencidos de que la voluntad del Espíritu de Dios era la civilización del mundo.


San Benito fue el padre de los monjes de Occidente. Fundó su primer monasterio, Monte Casino, a mediados del siglo VI. La Regla de san Benito fue y sigue siendo una guía monástica hasta hoy.


En el mundo medieval, los monasterios hacían la función de «ciudades de Dios», al igual que las villas, los pueblos y las aldeas eran las ciudades de los hombres. Eran microcosmos en los que los hombres y mujeres allí reunidas se entregaban al trabajo y la oración; en un mundo oscuro y bárbaro fueron los que preservaron la cultura clásica para los siglos venideros


Las reglas eran las ordenanzas escritas que los monjes de las distintas órdenes monacales debían seguir. La primera regla para cenobitas de que se tiene constancia es la de san, escrita para sus monasterios de la Tebaida en Egipto; estas reglas se iniciaron cuando los cenobios, o monasterios, crecieron en número de monjes y hubo necesidad de una cierta organización. Muchas de estas reglas se conservan y gracias a ellas se tiene noticia de la arquitectura y disposición de algunos monasterios ya desaparecidos. Figuras importantes de la Iglesia Católica fueron San Agustín, San Basilio (su regla se obedece en todo el monacato cristiano oriental), San Benito, San Bernardo, San Bruno, y otros más —aunque san Bernardo no escribió ninguna regla sino que comentó y reinterpretó la de san Benito; y san Bruno no escribió ninguna regla pero creó un nuevo estilo de vida monástico, semi-anacorético)—. Las reglas estaban compuestas por capítulos que solían leerse en los monasterios en la sala capitular. En ellos se iba dictando una serie de normas a seguir, tanto de carácter espiritual como práctico y sobre la vida de los monjes (vestuario, comida, horas de sueño, trabajo, etc.)

LOS MONJES



Que hacían para ser aceptados en una orden religiosa.



Una Orden mendicante (del latín mendicare, pedir limosna) es un tipo de orden religiosa católica caracterizada por vivir de la limosna de los demás.


Toda orden mendicante está conformada por hermanos (del latín Fray, hermano) y hermanas (del latín Sor, hermana), así como por Terciarios, antiguamente llamados hermanos de penitencia. Los frailes conforman la Primera Orden, las sores, la Segunda Orden, y los terciarios, la Tercera Orden.


Sus miembros, frailes y sores, hacen voto de pobreza por el que renuncian a todo tipo de propiedades o bienes, ya sean personales o comunes, poniéndolos a disposición de la comunidad religiosa a la que pertenecen. Así viven en la pobreza, mantenidos sólo por la caridad; junto con el voto de pobreza que profesan solemnemente, también profesan los votos de castidad y obediencia.


Las Órdenes mendicantes más comunes son:


 Orden de Frailes Menores o Franciscanos


· Primera Orden Franciscana


· Segunda Orden Franciscana o Clarisas


· Tercera Orden de San Francisco


· Orden de Predicadores o Dominicos


· Primer Orden Dominica


· Segunda Orden Dominica o Catalinas


· Tercera Orden Dominica


· Orden de San Agustín o Agustinos


· Primera Orden Agustina


· Segunda Orden Agustina o Agustinas


· Tercera Orden de San Agustín




LA SANTA INQUISICIÓN



SANTA INQUISICIÓN


El fin primordial era evitar que los judíos y judíos conversos de prácticas "judaizantes", así como cualquier tipo de "herejes", pasaran a América. También las autoridades recibían informes sobre la relajación de las costumbres y la disciplina cristiana en las colonias.
El rey Felipe II por real célula del 25 de enero de 1569 crea los tribunales de la Inquisición en la ciudad de México y en Lima.
La diferencia principal de los tribunales americanos con respecto a los de la Península era que el tribunal no tenía jurisdicción sobre los indios; procuraba su evangelización. Las razones básicas eran dos: la primera, que los pobladores nativos recién estaban siendo instruidos en la religión católica y, en su mayoría, no podían entender aún claramente los dogmas ni mucho menos distinguirlos de las herejías.


LOS DISTINTOS MÉTODOS SON:


· Los grilletes: han sido utilizados desde época antigua. Según diversas fuentes, ya los egipcios conocían las cadenas y las utilizaban para engrilletar a los esclavos y a los reos de delitos de cualquier índole.




















































· La mordaza o barbero de hierro: Este artilugio sofocaba los gritos de los condenados para que no estorbaran la conversación de los verdugos. La “caja” de hierro del interior del aro es embutida en la boca de la víctima, y el collar asegurado a la nuca.








· Pinzas, tenazas y cizallas: se utilizaban al “rojo vivo”, aunque también frías para lacerar o arrancar cualquier miembro del cuerpo humano, y eran otro elemento básico más entre las herramientas de todo verdugo.








· Látigos: Hay gran variedad de látigos. Entre ellos, los hay de dos, tres y hasta ocho cadenas provistas de abundantes estrellas o/y hojas de acero cortante que se usaban y se usan para flagelar el cuerpo humano.











· Violón de la comadre: Una versión parecida al violón simple que se colocaba al cuello para inmovilizar y causar dolor. Se utilizaba con mujeres acusadas de chismosas y otros delitos parecidos. Se uso, sobre todo, en Suiza y Alemania.












· La dama de hierro: que consistía en un gran sarcófago con forma de muñeca en cuyo interior, repleto de púas, se situaba a la víctima y se cerraba, quedando todas las púas clavadas en su cuerpo















· La cuerda: Este método era la variante sencilla del potro, consistía en colocar a la víctima sobre una mesa o en el suelo, con unas cuerdas atadas a sus miembros o cualquier miembro sobresaliente del cuerpo humano y girar dichas cuerdas hasta tensarlas. Tal tensión en la cordada provocaba el estiramiento de los miembros y daba lugar a la luxación de las articulaciones.